Los microplásticos: algo más que “pedacitos” de colores que vemos en el mar

Microplásticos a la orilla del mar

De todo el plástico que se produce a nivel mundial (unos 359 millones de toneladas en el año 2018), se estima que aproximadamente un 8-10 % acaba en mares y océanos.

Por Javier Hernández Borges

Hoy en día es más que evidente que vivimos en un mundo en el que el plástico ocupa un lugar destacado en prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida. La propia pandemia lo ha puesto de manifiesto una vez más. Sin embargo, también está claro que tenemos un problema de contaminación por plástico a nivel global, probablemente mucho mayor de lo que imaginemos.

De todo el plástico que se produce a nivel mundial (unos 359 millones de toneladas en el año 2018), se estima que aproximadamente un 8-10 % acaba en mares y océanos, si bien estas cifras varían de un estudio a otro. De todas las basuras marinas que llegan a las costas de todo el mundo, un 70-90 % son plásticos y, a pesar de que nos parece que es mucha la basura plástica que vemos en el litoral, es solamente un 1 % del total. El 99 % restante no sabemos exactamente dónde está, aunque cada vez aparecen más estudios que muestran que podría encontrarse ampliamente distribuido en los fondos oceánicos o incluso bastante fragmentado.

Uno de los grandes problemas que plantea la liberación de plásticos al medio ambiente es su fragmentación en partículas de pequeño tamaño, denominadas en su mayoría microplásticos cuando adquieren un tamaño comprendido -en su dimensión más larga- entre 5 mm y una micra (tamaño 2000 veces más pequeño que la cabeza de un alfiler). Por debajo de la micra se suele utilizar el término nanoplásticos y, por encima, hasta 2,5 cm, el término mesoplásticos y a partir de ahí macroplásticos.

Los microplásticos pueden ser directamente liberados al medio ambiente. Basta recordar que utilizamos muchos productos cosméticos o de higiene personal que los contienen para producir un efecto abrasivo. También se producen granzas o pellets que la industria plástica usa para fabricar sus productos. Otro claro ejemplo de estos microplásticos primarios, así es como se les denomina, es la purpurina de la que tanto hacemos uso en nuestros carnavales. Además de los anteriores también existen los denominados secundarios, que se producen a partir de la fragmentación de plásticos de mayor tamaño debido mayoritariamente a la acción de la temperatura, la luz y los golpes que sufren los plásticos en el medio ambiente. En definitiva, que donde teníamos un problema por la presencia de desechos plásticos, ahora tenemos otro todavía mayor: el de diminutas partículas plásticas (muchas de ellas imperceptibles al ojo humano) que se van a distribuir, más si cabe, en cualquier compartimento medioambiental.

Tendemos a pensar que los microplásticos sólo aparecen en el medio marino, donde son más perceptibles, pero también existen en grandes cantidades en los suelos e incluso en el aire que respiramos. En lo que respecta a este último, son todavía pocos los estudios que existen al respecto, pero están poniendo de manifiesto la presencia de, sobre todo, microfibras (denominadas así por su forma y tamaño), incluso de menos de 50 micras. Una vez en la atmósfera cualquier destino es posible. De hecho, ya han aparecido microplásticos en zonas tan remotas como el Ártico o la Antártida. De la atmósfera pueden pasar al suelo (donde también aparecen por otras vías) e incluso de ahí a las aguas subterráneas, tal y como ha mostrado alguno de los pocos estudios en este campo. Un caso a tener en cuenta es el uso de aguas y lodos de depuradora, sobre todo de estos últimos, dado que contienen cantidades significativas de microplásticos, en particular microfibras, que provienen de los lavados de nuestra ropa.

Como casi todo lo que vertemos al medio ambiente, los microplásticos también acaban volviendo a nosotros. Su distribución es tal que ya han entrado en la cadena trófica, lo que depende sobre todo de su tamaño. Tal es este hecho, que se han encontrado microplásticos en las heces de los seres humanos, estimándose que ingerimos el plástico equivalente a una tarjeta de crédito a la semana. A pesar de ello, todavía necesitamos más estudios que nos ayuden a discernir qué efecto puede tener la ingesta de microplásticos por parte de los organismos vivos, sobre todo porque estos contienen ciertos aditivos que podrían desprenderse durante su ingesta, al igual que los contaminantes que son capaces de retener, dado que actúan como si de esponjas se tratara, preconcentrando ciertos compuestos, algo que no es muy conocido.

La realidad es que, a pesar de que varios científicos alertaron de la presencia de microplásticos y de su capacidad para retener contaminantes hace cerca de 50 años, solo hemos sido conscientes de este hecho hace relativamente poco, más bien cuando hemos empezado a verlos en nuestras playas, algo que, para muchos, es simplemente anecdótico, cuando en realidad, son mucho más que simples “pedacitos” de colores…

*Profesor Titular de Química Analítica, Universidad de La Laguna


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