La tradición manda en el Valle de Güímar y ya se sabe que todo aquel que tiene una finca, cultiva un viñedo y al final termina embotellando vinos, sobre todo blancos que son los que más aceptación tiene entre el público. Algo así ha ocurrido con el galardonado en esta edición de los XXXVII Premios de Gastronomía de DIARIO DE AVISOS, en la categoría Casa del Vino que patrocina la Fundación Tenerife Rural, que ha recaído en la marca de Vinos Los Loros, que saca adelante Juan Francisco Fariña, y que se ha posicionado con fuerza en el mercado de EE. UU. donde vende el 40% de la producción.

Los orígenes de la marca Los Loros están vinculado al abuelo y al padre de Juan Francisco Fariña quienes cultivaban su pequeño viñedo en el valle de Güímar, hasta que un año se registró una buena cosecha y decidieron abrir un restaurante, El Borujo, en la carretera de Los Loros, y además de vender el vino ofrecer cocina tradicional.

Juan Francisco Fariña, en 2008, decide formar parte de la Denominación de Origen Valle de Güímar y empezar a embotellar. Luego vino la decisión más difícil que no fue otra cosa que optar entre “el restaurante familiar, que quita mucha vida sobre todos los fines de semana que es cuando la gente sale a comer fuera de casa, o la bodega. La decisión ya la sabemos. Fariña, que había cursado estudios de vitivinicultura, decidió empezar una nueva etapa baja la marca de El Borujo, hasta que en 2012 apostó por una nueva denominación y otro modo de hacer vinos.

Así empezó con Los Loros, cuidando la viña que es la única manera para que llegue la uva sana a la bodega y que el fruto dé lo mejor de sí mismo. Trabaja en su mayoría la listán blanco, pero también la marmajuelo, el albillo, la vijariego blanco, la moscatel, que produce mucho para los afrutados, y para el tinto, la listán negro y la negramoll.

Juan Francisco Fariña precisa que “todos los vinos parten de una elaboración tradicional, fermentan en espontáneo. No hay levaduras comerciales, no hay enzimas para clarificar, ni nada. Prácticamente el 80 o el 90% del trabajo viene del viñedo y cuando la uva llega aquí prácticamente viene sana y camina sola. No utilizo sulfurosos en las elaboraciones ni en la crianza, solo empleo una pequeña dosis a la hora de embotellar para proteger el vino”. Y defiende que “el vino canario no es caro, pero sí es caro producirlo”, afirma.